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Málaga, 24 de noviembre de 2017
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Una maravilla en nuestra provincia: la Cueva de Ardales
 
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De instructivas y emocionantes se pueden calificar las visitas que el Museo Municipal de Ardales organiza para grupos reducidos. Sólo 15 personas cada día y no todos los días de la semana. La prioridad es la conservación de la cueva, de sus vestigios antropológicos y artísticos. En esta cueva, hasta la respiración de las personas que entran en ella puede afectar a los grabados y pinturas que hace incluso más de 24.000 años dibujaron nuestros antepasados en el escalón evolutivo.

Grupo observando el arte prehistórico. Foto: Museo Municipal de Ardales Museo. Foto: Museo Municipal de Ardales
 
Málaga Centro.com estuvo en la Cueva de Ardales

La cita es a las 10 de la mañana en el Museo Municipal de Ardales. Allí, una exposición permanente donde podemos ver los yacimientos arqueológicos de la zona, objetos de todas las épocas encontrados en la comarca e incluso restos humanos, nos pone en situación para ver la cueva. A unos cuantos kilómetros de allí, por un carril medio cimentado subimos a la parte más alta desde donde divisamos unas extraordinarias vistas del pueblo. En la boca de la cueva, nadie se imaginaría que allí debajo de esa montaña pudiera abrirse un espacio tan misterioso y bello. La Cueva de Ardales se extiende por más de 1.600 km. de los que sólo veremos 600 en nuestra visita guiada.

Andrés es nuestro guía y se dispone a darnos una linterna para que podamos ver por donde pisamos. Después de darnos una serie de consejos que nunca vienen mal - no hay que olvidar que estamos en un medio al que no estamos acostumbrados - se dirige a la estrecha puerta que da entrada a la cueva. Agachando la cabeza pasamos todos, no sin una sensación extraña, como de descubrir algo nuevo y extraordinario.

Tras bajar unas escaleras pasamos a la primera sala, por la que debieron entrar nuestros antepasados para refugiarse. El hombre de Nearthental encontró esta cavidad y la exploró, dejando marcas rojas (óxido de hierro) por toda la cueva. Al abrir la cueva ya en el siglo XIX se encontraron los cadáveres de un adulto y un niño en la boca de la cueva y restos de una fogata en una esquina de la primera sala. Andrés nos cuenta que allá en aquella época la entrada de la cueva dejaba entrar la luz, y la penumbra reinaba en esta primera sala. Nuestro guía nos da unas pinceladas históricas sobre la cueva, su descubrimiento, uso a lo largo de los siglos. (Consultar el apartado historia)

La Sala de las Estrellas

Entramos en una segunda sala grandiosa: la Sala de las Estrellas por el brillo que dejan los minerales en sus paredes y columnas. Nuestras linternas tímidamente reflejan este brillo, aunque se pierde la luz por el tamaño de la sala. Nunca hubiera imaginado que pudiera ser tan grande. Esta sala está dividida en dos por una gran columna. Algunas estalagmitas están rotas. Andrés nos explica con conocimiento de causa que aquella sala sirvió de salón de baile para Trinidad Grund, que incluso llegó a contratar músicos para que tocaran con el fin de agradar a los clientes de su balneario en Carratraca, un pueblo cercano.

Descubrimos una cuerda que sube hacia alguna parte. Ante nuestra curiosidad Andrés explica que esa cuerda sube a una zona muy poco visitada incluso por los investigadores. Un espacio de 400 metros que se conserva con los suelos originales y al que la presencia humana podría hacer mucho daño. Aquí se encontró la necrópolis principal y por esta parte existió otra entrada, que ahora está taponada.

La zona de los Laberintos

La grandiosidad de la Sala de las Estrellas contrasta con la estrechez y formas de la zona de los laberintos, donde el agua ha moldeado a su merced las paredes calizas y de marmol de la que están compuestas. Seguimos viendo marcas de exploración por toda la cueva, marcas rojas, ralladuras, puntos y huellas de todo tipo. Pero también formas extrañas en la roca. Los investigadores piensan que los habitantes de este lugar utilizaban algunas zonas para hacer ruidos y comunicarse con sus semajantes. Una cosa son marcas en la roca y otra muy distinta es lo que descubrimos en este punto. Un ejemplo de arte esquemático, la figura de un arquero en rojo, hecho con óxido de hierro. Nos cuesta trabajo verlo al principio, pero Andrés nos descubre sus secretos. La cosa se vuelve más emocionante aún. Lo próximo es una mano impresa en negativo con una forma muy peculiar, como colocando la mano adrede.

La Sala del Lago

La Sala del Lago es nuestra próxima parada. Se encuentra a 540 metros sobra el nivel del mar y a 25 metros por debajo de la entrada de la cueva. Aunque hay muy poca agua, se llega a inundar en época de lluvias. En este punto vemos una serie de aparatos conectados unas baterias. Miden los niveles de dióxido carbónico y otros compuestos. El CSID los ha colocado para investigar el efecto de las visitas en la cueva y sus vestigios; y cómo afecta la climatología exterior a las corrientes de aire del interior.

Arte descriptivo

La última parada es una zona de arte, menos húmeda a la que se piensa que se trasladaron a dibujar en los últimos momentos. El arte había evolucionado, de un arte esquemático se pasa a uno más descriptivo donde se pueden adivinar expresiones en los rostros y en el que se añaden elementos más complejos como el grabado y el uso de las formas naturales de las rocas para crear formas de animales. Cabezas de cierva, un pez, toros e incluso figuras femeninas, formas más fáciles de deducir y más expresivas.

Es el final de la visita y sólo se me quedaba algo pendiente. Poder escuchar el sonido de la cueva en la más completa oscuridad. Algo que evidentemente era dificil en un grupo de personas todas con las linternas encendidas y comentando sus impresiones sobre lo que habíamos visto. Pero Andrés lo tenía previsto y pidió al grupo un momento de silencio y oscuridad para poder experimentar esa sensación. Un minuto indescriptible, de las sensaciones más auténticas que he experimentado. Os la recomiendo.

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